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El vivo retrato del régimen | Prólogo de Gaizka Zabarte al libro 'Zaldibar. Zona cero'

«Este es un relato que comienza en el agujero y, a medida que escarba, van apareciendo una galería de personajes, empresas, partidos y responsables institucionales hasta componer el vivo retrato del régimen que padece esta parte del país, denominada Comunidad Autónoma Vasca». En las siguientes líneas puedes leer el prólogo de Gaizka Zabarte, exconcejal de Zaldibar, al libro Zaldibar. Zona cero.

El interés

En la primera reunión vecinal celebrada el 9 de febrero en el barrio de Eitzaga, tres días después del derrumbe del vertedero, Pedro Bildosola afirmó que el PNV de Zaldibar tenía un interés enorme en la puesta en marcha de dicho vertedero. Doce días después, en el mismo marco, lo formuló de otra manera: “No sé qué interés tenía la junta municipal del PNV de Zaldibar para conceder esa licencia teniendo en contra a todo el barrio y a toda la oposición”. A diferencia de aquella primera reunión, en esta última estaban presentes, por parte del Ayuntamiento de Zaldibar, el teniente de alcalde Juan Mari Uriarte y el concejal Iñaki Mendiolagarai, ambos del PNV. Aun siendo inevitable darse por aludidos, no respondieron. Un silencio estrepitoso. Y es que Mendiolagarai era concejal cuando comenzó el conflicto del vertedero que nos ocupa, y conoce perfectamente lo ocurrido a partir de 1996, incluido cómo se vivió este conflicto en el seno de su partido. Al igual que Bildosola, que fue concejal del mismo partido entre 1995 y 1999. De hecho, fue portavoz municipal del PNV hasta que, en julio de 1998, al inicio de un pleno, la secretaria leyó una nota de la Junta Municipal jeltzale. Así se enteró Bildosola, junto al resto de la corporación, de que era destituido de la portavocía de su partido. No se dio a conocer la razón. Tampoco hacía falta. Se trataba de su postura contraria al vertedero.

El alineamiento

Y se alinearon los astros, diría el astrólogo. Pero no es nuestro caso. Somos más de astronomía, materialistas. No hay ninguna necesidad de recurrir a explicaciones sobrenaturales para explicar el alineamiento que se dio en el Ayuntamiento de Zaldibar ante el proyecto de vertedero. Cuando en 1996 el grupo municipal de HB (dos concejales en aquellos tiempos, pero grupo, al fin y al cabo) destapó las intenciones del gobierno municipal de dar pista libre al vertedero, la mayoría del pleno se posicionó en contra. Bildosola, portavoz jeltzale, lo hizo porque era natural de Eitzaga. Nos atrevemos a afirmar que, si el vertedero se hubiera ubicado en otra zona del municipio, lo hubiera apoyado. De hecho, este fue el único tema en el que se desmarcó de la línea de actuación de su partido. Cerrando este alineamiento se encontraba el denominado Grupo Independiente, cuya genealogía se remontaba a los jauntxos franquistas locales. Fue la marca blanca del PP hasta 2007, año en el que mudó el nombre al del partido de Fraga y Aznar. Desde 2011 no tiene representación municipal. Pese a compartir los mismos intereses de clase que los jeltzales, el odio que se profesaban mutuamente hizo que cada uno defendiera los intereses de sus propios jauntxos, a poder ser jodiendo al otro. Al estilo banderizo, vaya. O al capitalista, si se quiere. Otro gallo hubiera cantado si los jauntxos neofranquistas hubieran tenido intereses en el vertedero.

Así pues, la izquierda abertzale, la marca blanca del PP y el portavoz peneuvista constituyeron la mayoría municipal en contra del vertedero. Unos y el otro apoyaron todas las iniciativas de Herri Batasuna en esta materia. Entre otras, la realización de un referéndum entre las vecinas y vecinos de los barrios de Eitzaga, Sallabente y Olarreaga y la modificación de las normas subsidiarias, por las que se prohibió la instalación de vertederos en el municipio. El referéndum no se realizó y en 2002 las citadas normas fueron modificadas de nuevo para autorizar la instalación de vertederos. Para entonces Bildosola ya no era concejal y el único edil del Grupo Independiente se había alineado con el PNV y el PSOE. Los tres concejales de Batasuna se quedaron solos en contra de lo que posteriormente sería el vertedero derrumbado el 6 de febrero.

El agujero

Si algo tienen en común el vertedero de Zaldibar y el Covid-19, es que ambos han puesto en peligro la salud de las personas, lo cual ha evidenciado el riesgo que supone dejar en manos privadas los sectores estratégicos. En este caso, la gestión de los residuos y los servicios sanitarios y de cuidados. Se reivindica el carácter público de estos servicios como única manera de que estén realmente al servicio de la población, de toda la población por igual. Exclusivamente público, sin margen para la propiedad privada, se podría añadir. Quizá sea el momento de volver a reivindicar la nacionalización y colectivización de los sectores estratégicos.

El agujero de Verter Recycling en Eitzaga trajo nuestro primer confinamiento: ventanas cerradas, no practicar deporte al aire libre, escolares sin salir al patio, la EHU-UPV pide a embarazadas y lactantes que no acudan a la Escuela de Ingeniería de Eibar... Y todo así. Tan así, que la Liga suspendió el partido Eibar-Real que iba a celebrarse el 16 de febrero.

La pandemia, hasta ahora, se ha llevado la vida de más de dos mil personas en Euskal Herria y ha dejado con importantes secuelas a muchas más. El vertedero ha matado a Alberto Sololuze y Joaquín Beltrán. Es terrible que, mientras escribo este prólogo, acercándonos ya al quinto mes, no se hayan recuperado sus cuerpos. No parece del todo correcto hablar de desaparecidos cuando se sabe que están ahí, en el agujero. No sabemos en qué medida ha afectado el vertedero la salud de sus trabajadores o de los camioneros que allí descargaban. Ha contaminado el aire, el agua y la tierra, afectando directamente a más de cincuenta mil personas y a todo ser vivo en un radio de, por lo menos, veinte kilómetros. Un vertedero cuyo objetivo sea enriquecer a sus propietarios, como es el caso de Verter Recycling, necesita vertidos, cuantos más mejor. Si tiene la capacidad de bajar los precios por debajo de los de la competencia, como es el caso, será el más demandado. Setecientas empresas vertían en Eitzaga. Low cost. El agujero le llamaban, según recoge el informe de la Ertzaintza filtrado del sumario.

El régimen

Los condes de Peñaflorida fueron propietarios de casas-torre, ferrerías y molinos, también en Zaldibar. Vía santo matrimonio habían unido su linaje al de los señores de Zaldibar, haciéndose con una gran cantidad de propiedades, incluida la torre homónima y tierras adyacentes, en las cuales construyeron un gran balneario. Por la misma vía se unieron al linaje de los Murga. Los últimos propietarios de la torre y el balneario, el matrimonio José María de Murga y Carmen de Mugartegui, enajenó en 1922 la torre y el balneario a la Diputación, para que esta lo convirtiera en hospital psiquiátrico. En el barrio de Eitzaga, entre otras propiedades, tenían los caseríos Eitzagaetxebarria, situado justo al lado del vertedero, y Eitzagabekoa, más conocido como Kondiana, por aquello del conde. Ahí nació José Ignacio Barinaga, accionista principal de Verter Recycling, y ahí tuvo su razón social esta empresa.

Immanuel Wallerstein nos habla de una “interpretación particular de la historia moderna de Europa”, que “todos aprenden en la enseñanza media y que se asume como estructura básica de nuestra comprensión del mundo”. Según esta interpretación que adquiere la forma de “mito histórico”, en el mundo medieval europeo en que “los señores feudales dominaban a los campesinos, surgió o se creó un nuevo estrato social, la burguesía urbana, que primero socavó económicamente el viejo sistema y luego lo derrocó políticamente”. Según Wallerstein, este mito constituye una gran distorsión de lo que ocurrió en realidad. “Es más o menos lo contrario de lo que sucedió en realidad, que la aristocracia se convirtió en burguesía para salvaguardar sus privilegios colectivos”. Es probable que las cabezas de Luis XVI y María Antonieta, reyes de Francia y Navarra, en el cesto de la plaza de la Revolución, alimentaran este mito. Pero la realidad es que los aristócratas más espabilados se hicieron capitalistas y muchos capitalistas de origen no aristocrático se pirraban por conseguir títulos nobiliarios. A poco que se rasque en la historia del Reino de España, esto queda meridianamente claro.

Murga, Kondia, Barinaga, son nombres que irán apareciendo en este libro. A diferencia del Antiguo Régimen, en la sociedad capitalista actual hay que tener en cuenta otros nombres: los de las empresas. Comparada con la maraña de las sociedades anónimas y limitadas, clústers, UTEs, etc., la de las genealogías de la nobleza, con sus “de”s, sus matrimonios, líneas (siempre paternas) que se extinguen y demás sutilezas, es un pasatiempo de nivel básico. Al apartado de empresas habría que añadir los partidos del régimen, especialmente PNV y PSOE, organizaciones empresariales, con Confebask a la cabeza, e instituciones y organismos varios. En las páginas de este libro se pone el foco sobre todos esos nombres, las conexiones entre sí, su modus operandi, las bien engrasadas puertas giratorias. Hablando de la “casta empresarial vasca”, Pepe, personaje que transita este relato, dice que “buena parte de su nivel competitivo se debe a las ayudas públicas y beneficios fiscales que le brinda la casta política de la administración pública vasca”. Que para eso está.

Ahoztar Zelaieta empieza por el principio, como tiene que ser. No en el sentido temporal, no se trata de una historia cronológica del vertedero de Eitzaga, no se narra una sucesión de hechos sobre un eje cronológico. Es un relato que comienza en el agujero y, a medida que escarba, van apareciendo una galería de personajes, empresas, partidos y responsables institucionales hasta componer el vivo retrato del régimen que padece esta parte del país, denominada Comunidad Autónoma. Práctica política de obtención y mantenimiento del poder asegurándose fidelidades a cambio de favores y servicios. Así define la RAE el clientelismo. Entiéndase poder en el sentido más amplio y profundo, añadimos. Pues eso, un régimen clientelar que se ha ido formando durante cuarenta años.

La revuelta

Los olores y sabores de los gases que emanaban del incendio del vertedero llegaron antes que sus nombres a los pueblos de alrededor. La gente salió a las calles con pancartas y carteles artesanales. “Gure bizitzen eta osasunaren jabe. Zaldibar argitu orain”. “Hijos de puta, nos envenenáis por dinero. Zuen dirua gure osasuna”. “Urkullu jauna, zure gobernuari kiratsa dario”. Las paredes también hablaron, como suelen: “PNV, mafia”, “Arriola dimisión”. Dos lemas que apuntan directamente a los responsables de que Verter Recycling hiciera lo que hizo. Dos lemas que apuntan al régimen. En aquellas primeras noches decenas de batzokis fueron depositarias de bolsas de basura y variopintos mensajes que iban desde “Vuestro sistema de basuras mata trabajadores” hasta “Urkullu da la cara”.

En Elgeta, Eibar, Ermua y Zaldibar se organizaron plataformas vecinales que tomaron el nombre de Zaldibar Argitu. Otro tanto ocurrió en Markina-Xemein y Zalla, localidades de las que eran vecinos Alberto Sololuze y Joaquín Beltrán. Zalla, cabe añadir, tiene una gran experiencia en cuanto a contaminación atmosférica. Entre julio y octubre de 2019 el vertedero de Las Lagunas, que explota la empresa CESPA, ardió en tres ocasiones. En julio, simultáneamente al incendio, se supo que 30.000 toneladas de escoria proveniente de la incineradora de Zabalgarbi habían sido depositadas en Las Lagunas para realizar “una prueba experimental”. A media docena de kilómetros de este vertedero, ya en Güeñes, la planta de biomasa explotada por la empresa Glefaran suele convertir en irrespirable el aire de los pueblos del entorno. La gente de Enkarterri lleva años luchando por su salud. En esos días de dioxinas y furanos, también hablaron quienes ya padecen la incineradora de Zubieta: donde teníais un vertedero ahora tenéis una incineradora, nos decían. Y así se llegó al fondo de la cuestión. La gestión de residuos. El modo de gestión de residuos del régimen.

El 15 de febrero miles de personas confluyeron en Eitzaga. La marcha había sido convocada por Zaldibar Argitu, desde ese momento expresión de siete pueblos movilizados. “Trabajadores, Salud, Responsabilidades” se convirtió en algo más que un lema. Es todo un programa que vale tanto para el vertedero de Zaldibar y la gestión de residuos en general, como para las condiciones de vida de la clase trabajadora, el sistema sanitario y de cuidados o el cambio climático. Para el 12 de marzo Zaldibar Argitu convocó un paro de tres horas en los pueblos de alrededor, movilizaciones locales a mediodía y otra gran movilización para la tarde en Sallabente, barrio en el que se unen Ermua y Zaldibar, muy cerca de Eitzaga. Las movilizaciones del mediodía fueron multitudinarias y en ellas se dio a conocer el manifiesto de Zaldibar Argitu, once puntos que concretan el ya extendido lema “Trabajadores, Salud, Responsabilidades”. La manifestación de la tarde fue suspendida por la plataforma. Se vislumbraba lo que venía. La víspera, la OMS caracterizó el Covid-19 como pandemia.

Durante el confinamiento, las movilizaciones, fundamental pero no únicamente caceroladas, han sido constantes. El 6 de mayo, al cumplirse tres meses del desastre, Zaldibar Argitu convocó ofrendas florales en homenaje a Joaquín Beltrán y Alberto Sololuze en Elgeta, Eibar, Ermua, Mallabia, Markina-Xemein, Zaldibar y Zalla. La movilización volvió a la calle, donde sigue.

Quiero pensar que la revuelta se está cociendo. Es probable que pille despistadas incluso a las personas que la andan cocinando. Suele ocurrir. El vertedero de Eitzaga se derrumbó por la desbocada carrera de beneficios de la empresa, directamente proporcional al ritmo de llenado. Dado el desprecio del régimen hacia la gente trabajadora y la salud colectiva, dada su arrogancia, la capacidad de llenado de la paciencia popular puede que esté llegando a su límite. Ojalá sea así. Hasta el derrumbe del régimen. Hasta su derribo.

Gaizka Zabarte, exconcejal de Zaldibar

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